Un mensaje esperanzador

Hay un nuevo tipo de soledad, una nueva clase, una nueva especie. Es la soledad digital. La soledad del tipo de 40 años que llega a su casa y espera a que alguien haya respondido su tuit, aunque sea a las puteadas; a que su posteo en Facebook dé algún resultado, a que los mails que mandó vuelvan con algún mensaje esperanzador. Todos en la oficina le dicen que hay una jungla ahí afuera, pero ningún animal quiere hablar con él. Cosas que pasan. Es una soledad constante, porque podría cambiar a cada momento, a cada actualización del estado, y sin embargo no lo hace. Permanece, se prolonga. La soledad digital es otra forma de estar solo y se suma a todas las otras soledades que ya existían en este mundo asfixiante. Y no hay banda ancha que te pueda salvar la vida.

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